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LOS SISTEMAS DE CONTROL DE LOS PRODUCTOS SON DE CHISTE: un ejemplo el control de la publicidad

La intención de este artículos y próximos que llevaré a cabo sobre este mismo tema no es otra, que alertar a las personas de que las reglas del juego han cambiado hace mucho tiempo y que ya no existen estados protectores de las personas, sino protectores de los mercados.
Ya llevamos muchos años en los que los sistemas de control alimentario, farmaceútico, sanitario y de todos los mercados en general se están dejando en manos de agencias privadas, sin prácticamente supervisión de lo público.

Lo más grave es que se han ocupado de que la gente tenga la percepción de que hay organismos de control que aseguran realmente que los productos cumplen las normas. El resultado es una confianza de los consumidores sobre los productos muy interesante para el mercado y muy perjudicial para ellos.

Analicemos el asunto de manera crítica y preguntémonos: ¿Quién dicta las normas a cumplir?, ¿Cuál es la defensa prioritaria de esas noramas: las personas o el mercado? Y ¿Son realmente independientes los organismos que realizan estos controles?

Me voy a centrar en un ejemplo: la publicidad, en concreto la publicidad televisiva.

Continuamente veremos en televisión un spot publicitario que se titula Autocontrol y que habla de las veleidades de este organismo como controlador de una publicidad responsable. ¿Por qué alguien se gasta dinero en hacer un anuncio sobre publicidad responsable? no sería más barato hacer publicidad responsable y ya está. No será que esto es en si mismo publicidad muy poco responsable, que busca que los televidentes confíen en los contenidos que allí se emiten, sin miedo a que puedan ser engañados.

Si alguna vez ven uno de estos anuncios, quédense un rato al televisor viendo la publicidad televisiva que llega después y analicen fríamente lo que se ha dicho y lo que realmente se hace. Y pongo algunos ejemplos, como los anuncios de coches. Estos indican un precio de venta, normalmente al final del anuncio y en la parte inferior de la pantalla, aparece una ristra de letras ilegibles que pasan a toda velocidad. En ellas lo que viene a decir es que se incluye el plan PIVE (un descuento), que hay que financiar el coche con su financiera, que el coche que estás viendo no es el modelo al que corresponde ese precio, que es uno inferior en equipamiento etc, etc, etc. Y digo yo: lo responsable no sería que se pusiera el precio real del coche que vemos y luego si nos interesa ir a comprarlo que nos den mejoras, si es que podemos acceder a ellas.

Pongo otro ejemplo las compañías que venden internet. Aparece en su oferta un precio genial y en letra pequeña, de forma ilegible, que está sujeto a disponibilidad geográfica, que es solo para los 6 primeros meses y luego el precio se duplica o triplica, que la velocidad en su casa puede ser un 90% inferior a la ofertada etc, etc, etc.

Concursos de la tele que reglan un móvil a cambio de un mensaje y en los que da a entender a la gente que es poco menos que un regalo de la cadena a sus espectadores, cuando realmente es un negocio para la cadena que por un regalo de 600€ factura miles y miles de Euros con los mensajes de los participantes.

Los ciudadanos tenemos que ser más reflexivos, tener claro que mientras no cambien las cosas, los organismos de control no tienen ni poca ni ninguna independencia, como se puede verse en estos ejemplos. Que somos nosotros los que debemos medir aspectos como:

La necesidad real que tenemos de ese producto que nos ofertan

La información completa de ese producto. Informándose siempre y desconfiando sobre todo de las grandes ofertas.

El encaje económico de esa compra en nuestra economía

Por último en productos que impliquen desembolsos importantes, acudiendo a profesionales independientes, cuando no tengamos

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